Banda conejil! Míren que chulada!
Ya vieron el trabajo de esta maravillosa ilustradora?! Es Penny Collins! y sus tiras son sobre su vida con sus tres hijonejitos: Sammy (mi favorito), Lance y Russette!
Échenle un ojotote!
https://regardingcomic.tumblr.com/
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jueves, 4 de mayo de 2017
domingo, 9 de enero de 2011
LA CARRERA DEL CONEJITO, De San Francisco de Asís...
Salú, banda conejil!!! Danzón dedicado a mis adoptantes católicos y conejos felices que les acompañan!!! También le dedico este link a mi Palomita amada, mi conejita blanca consentida... descansa en paz, chiquita.
Un día San Francisco, en compañía de fray León, se encuentra de camino hacia el anochecer. Fray León dice:
- Padre, no podemos ir adelante. Dentro de poco será de noche y no veremos al andar.
- Tienes razón, hijo mío -responde el santo-. ¿Ves aquel cacerío? Iremos allí y pediremos posada para esta noche en nombre del Altísimo.
En el caserío vive una vieja labradora rezongona. La mujer no conoce a san Francisco, y no se fía de los dos peregrinos. Con un tono de voz desagradable dice:
- No tengo sitio en casa. Si les agrada, pero sólo por esta noche, pueden quedarse en el establo. No hay vacas, yo estoy sola y no podría cuidarlas.
Así que los dos frailes se preparan a pasar la noche en aquel establo pequeño y húmedo. Dan gracias a Dios, luego fray León, bostezando, se acuesta sobre un montoncito de heno, durmiéndose enseguida.
San Francisco se queda despierto y reza a Dios por largo tiempo.
En un rincón del establo, dentro de una jaula angosta y maloliente, hay un conejito completamente blanco. Tiene los ojos rosáceos dulcísimos y melancólicos.
A la mañana siguiente, al salir el sol, los dos frailes salen del establo restregándose los ojos. Es una espléndida jornada de primavera. Delante del caserío se extiende un prado de hierba tierna humedecida por el rocío.
La labradora ya se ha levantado y está sacando agua del pozo. San Francisco dice cortésmente a la mujer:
- Gracias por habernos hospedado esta noche. Pero dime, ¿por qué tienes ese conejito dentro del establo?
La mujer responde malhumorada:
- ¿Y dónde habría de tenerlo según tú, en la cocina?
San Francisco muy cortésmente dice:
- Ese pobre animalito seguramente no ha visto nunca la luz del sol, y se encontraría de seguro feliz si pudiera corretear un poco por el prado.
La mujer deja caer el caldero en el pozo, se pone las manos a la cintura y dice:
- Pero vosotos, pobres frailes, ¿qué vais a saber de animales? Si yo lo dejase libre,¡el conejo se escaparía!
- Yo te prometo -dice san Francisco con mucha cortesía- que no escapará.
- Tengo verdadera curiosidad de probar -dice la mujer moviendo la cabeza-. Pero, si el conejo escapa, partiréis con el hacha aquella pila de lena.
- Está bien -dice san Francisco sonriendo-. Fray León, vete a coger el conejo.
El fraile corre en seguida a la cuadra y vuelve trayendo el conejo por las orejas.
- Despacio, despacio -dice san Francisco-. Dámelo a mí. El santo sostiene en sus brazos al animalito asustado y tembloroso.
Lo acaricia largamente, y luego con delicadeza lo posa sobre la hierba al borde del prado.
El conejito había nacido en la cuadra y allí había crecido. Nunca había visto un prado. Olisqueaba la hierba, frota en ella el morrito y luego, dando un gran salto, echa a correr.
La mujer grita:
- ¡Ya ha escapado! ¿No os lo había dicho yo? ¡Adiós mi conejo!
Pero el conejito, después de haber corrido por todo el prado a lo largo y ancho, vuelve a trás y se acurruca jadeante y feliz a los pies de san Francisco.
La labradora no acaba de hacerse cruces, y san Francisco dice:
- Yo te pido, oh mujer, que dejes todos los días al hermano conejo correr un poco por el prado.
La labradora con un tono muy humilde dice:
- ¡Te lo prometo, te lo prometo!
- Y ahora -dice san Francisco a fray León-, antes de marchar, armémonos de hacha y partamos la leña de esta buena mujer.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Marfusha... la coneja espacial!

Marfusha (o pequeña Marta), fué el primer conejo que fué hasta las estrellas...
Y afortunadamente regreso.
Me asombra, siempre pensé que los conejos eran muy sensibles y que hasta si los subías a un avión podrían morir de miedo...
Y no.
Cada vez me gustan más estos animales... son valientes y resistentes!
Ella regresó con vida, al igual que sus afortunados compañeros de misión, nada más que nunca se comenta que fue de ella... esperemos que alguien la haya "adoptado" al igual que la mayoría de los animales que fueron al espacio en misiones rusas o de otros países... A estas alturas del partido seguramente ya regresó a las estrellas...
Ahí en el inter les va este "haiku" que habla de ella...
Dios te bendiga, valiente conejita! Donde quiera que estés!

miércoles, 27 de mayo de 2009
Los conejos en México...

EL CONEJO DE LA LUNA
Quetzalcóatl, el dios grande y bueno, se fue a viajar una vez por el mundo en figura de hombre. Como había caminado todo un día, a la caída de la tarde se sintió fatigado y con hambre. Pero todavía siguió caminando, caminando, hasta que las estrellas comenzaron a brillar y la luna se asomó a la ventana de los cielos. Entonces se sentó a la orilla del camino, y estaba allí descansando, cuando vio a un conejito que había salido a cenar.
-¿Qué estás comiendo?, - le preguntó.
-Estoy comiendo zacate. ¿Quieres un poco?
-Gracias, pero yo no como zacate.
-¿Qué vas a hacer entonces?
-Morirme tal vez de hambre y de sed.
El conejito se acercó a Quetzalcóatl y le dijo;
-Mira, yo no soy más que un conejito, pero si tienes hambre, cómeme, estoy aquí.
Entonces el dios acarició al conejito y le dijo:
-Tú no serás más que un conejito, pero todo el mundo, para siempre, se ha de acordar de ti.
Y lo levantó alto, muy alto, hasta la luna, donde quedó estampada la figura del conejo. Después el dios lo bajó a la tierra y le dijo:
-Ahí tienes tu retrato en luz, para todos los hombres y para todos los tiempos...
Los conejos en japón...
Conejo de la luna (Tsuki no Usagi): El conejo es un elemento de la tradición japonesa clásica enmarcado en el ámbito de las leyendas populares. Los japoneses ven en la superficie de luna la imagen de un conejo machacando arroz con un martillo para preparar *mochi (¿curioso no? ). El conejo de la luna tiene su propia historia. No está allí por casualidad, ni es la mascota olvidada de Armstrong . Se cuenta que un viejo peregrino encontró un día un mono, un zorro y una liebre (en ocasiones se cambia el mono por un oso). El hombre, de avanzada edad, se encontraba agotado por su viaje lo cual le llevó a pedir a los tres animales, como favor, que le consiguiesen algo de comida. El mono se subió a un árbol y recogió jugosas frutas, el zorro con su gran habilidad para cazar atrapó un ave y la liebre, con gran pesar, volvió con las manos vacías.
Al ver al viejo con la cara triste y cansada, se sintió culpable. Entonces recogió ramas y hojas secas, encendió una fogata y se lanzó dentro para ofrecerse a sí misma como alimento. El viejo, conmovido ante el trágico sacrificio del pobre animal, reveló su verdadera identidad. Era una deidad de gran poder que recogió los restos de la liebre y los enterró en la luna como monumento a su gesto de solidaridad. Es una historia de sacrificio y entrega que forma parte de la cultura japonesa. Como nota curiosa, después de narrarla suele explicarse, principalmente a los niños, que los conejos saltan tratando de alcanzar a su héroe que descansa en la luna.
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